FRANCIS·ZEPEDA
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La atención como el último recurso verdaderamente escaso.

El dinero se puede volver a hacer. Las horas de atención genuina, no.

De todos los recursos que gestionamos, la atención es el único que no se puede almacenar, prestar ni recuperar. Se gasta en el momento exacto en que se gasta, y punto.

Y sin embargo la tratamos como si fuera infinita: la repartimos entre cinco pestañas, dos conversaciones de WhatsApp y una notificación, convencidos de que multiplicar los roles es lo mismo que multiplicar la capacidad.

Atención, como forma de respeto.

Prestar atención completa a una sola cosa, a una persona, a un problema, a un texto, es, cada vez más, un acto que se nota precisamente porque es raro. No es una virtud moral, es una decisión sobre dónde vale la pena gastar lo único que no se repone.

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