Hay una pregunta que casi nunca se hace en la sala de reuniones con la seriedad que merece: ¿Este crecimiento nos está fortaleciendo o solo nos está haciendo más grandes?
Son cosas distintas. Una empresa puede duplicar ingresos y, al mismo tiempo, duplicar su fragilidad, vaya que es cierto, más dependencia de un solo cliente, más gastos y deuda operativa, más procesos que nadie entiende del todo porque se armaron corriendo.
El crecimiento como sustituto de la estrategia
Cuando no queda claro qué estamos construyendo, crecer se convierte en el objetivo por defecto, es medible, es defendible ante el grupo, y da la sensación de movimiento. Pero el movimiento no es lo mismo que el progreso.
Una pregunta mejor que "¿Cuánto crecimos?"
"¿Qué estamos dispuestos a no hacer para crecer?" Las empresas que se sostienen en el tiempo no son las que dijeron sí a todo, sino las que supieron qué crecimiento rechazar.