FRANCIS·ZEPEDA
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Volver a alinearme

Las ganas no siempre vuelven por si mismas, en ocasiones hay que ser conscientes y decidir volver.

Volver a alinearme

Hay momentos puntuales en los que sientes que te estancas un poco. Todo el carácter que te has formado, la manera de pensar racional que has venido desarrollando, esa perspectiva distinta de la vida que decidiste tomar, de pronto como que se desvanece. Caes en una especie de pereza. Las ganas de seguirte nutriendo, de seguir leyendo, de hacer esas pequeñas cosas que te satisfacen, están casi por apagarse, como la llama de una vela ante un ventarrón.

El caso práctico: este cuaderno

Y para no quedarme en lo absorto de solo pensar, lo pongo en un caso práctico, este mismo cuaderno. Hace cuánto no volcaba uno de mis pensamientos aquí. Y no es que no los haya tenido. Al contrario, pensamientos hubo, y bastantes. Lo que me conflictúa es estar consciente de que me gusta hacerlo, de que sé lo que quiero hacer, y aun así no hacerlo. Saber qué te hace bien y quedarte quieto frente a eso es una de las contradicciones más incómodas que he experimentado. O citando a Socrátes: «Qué desgracia es para un hombre envejecer sin ver la belleza y fuerza de la que su cuerpo es capaz»

La vida en piloto automático

No puedo evitar pensar que cuando tengo estos lapsos, en los que pierdo el énfasis, ese deseo de hacer y pensar como sé que me gusta hacerlo, es muy parecido a como era la vida en piloto automático de la que he hablado en escritos anteriores. Funcionando, cumpliendo, pero sin estar realmente ahí.

La diferencia, y la ventaja de hoy, es que estoy consciente de ello. Y he llegado a un punto en el que lo puedo identificar con excelencia. Antes ni siquiera me daba cuenta de que me había apagado, hoy lo noto, lo identifico, y eso cambia todo. Hace que me quiera alinear.

Y aquí estoy, haciendo precisamente esto como método para volver. Escribir no es un acto de superioridad intelectual, en este caso, es la herramienta con la que me reencarrilo. Y algo que tengo muy claro es que no se trata de una cuestión anímica, sino de decisiones mentales. Esperar a que regresen las ganas por sí solas es esperar a que la flama de la vela se apague. Intentar volver es poner la mano alrededor sobre esa llama.

Lo que me queda

En conclusión, es normal tener esas decaídas en nuestra forma de ser y de pensar. No somos máquinas de constancia perfecta, y pretenderlo solo agrega frustración a algo que ya de por sí pesa. Pero saberlas identificar nos ubica una posición adelante para sobrellevarlas y reencarrilarnos. La caída no desaparece, pero deja de ser un lugar donde uno se quiere quedar a vivir.

Es todo lo que quería expresar por hoy. Volcar esta sensación y reconectar con quien realmente quiero llegar a ser.

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